NO SOMOS INVENCIBLES, PERO EL CIELO ES SIEMPRE MÁS AZUL


Newsletter ParamitaLab a.p.s., 15 de febrero 2022
Imagen: Barry Fishman

Rilke veneraba el invierno como la estación para cuidar el jardín interior del alma: "De repente, volver a sanar y ser consciente que el propio campo de mi ser -mi mente y mi espíritu- tiene tiempo y espacio para seguir creciendo", escribió a una joven que había acudido a él en busca de consuelo.

"En lo más profundo del invierno, aprendí por fin que dentro de mí había un verano invencible", escribió Albert Camus una generación más tarde en sus ensayos sobre viajes, que son en realidad meditaciones sobre el regreso a nuestra fortaleza interna. Camus pronto se convertiría en el segundo premio Nobel más joven de todos los tiempos y pronto moriría en un accidente de coche con un billete de tren sin usar hacia el mismo destino en su bolsillo.

No somos invencibles. Pero en la forma en que cultivamos los inviernos del alma, encontramos el verano de nuestra fuerza y el florecimiento de nuestra vitalidad. Cada vez que nuestro mundo atraviesa un invierno del espíritu humano, Camus sigue siendo referencia del verano invisible que llevamos dentro; su obra es una invitación perenne a rehabitar nuestra decencia más profunda y a estar a la altura de nuestra naturaleza más ennoblecida.


¡Ahora sí, para nosotros de ParamitaLab, podemos decir que ha comenzado el nuevo año! El sol renovó su ciclo en enero y la luna lo hizo el 1 de febrero -que en el calendario lunar corresponde también al 1 de enero-.


Comienza el 2022 en el planeta Azul y el equipo de ParamitaLab se reúne, como siempre, al inicio de cada mes. Nos miramos a través de la pantalla, nos contamos cómo estamos, nos dejamos sentir… Este escenario mundial nos afecta, por supuesto, y entonces nos escuchamos.


Hay quien mira lo que pasa desde un lado, y quien lo mira desde otro. Quien propone con claridad no renunciar a la imaginación y atravesar lo que nos sucede creando posibilidades. Y hay quien comparte que vive este enero invernal con un ritmo de estudio intenso, recordando cada tanto que en su país de origen, en este mes vivía el verano y las tan esperadas vacaciones. Hay quien nos escucha a todos, nos abarca, toma lo esencial de nuestras palabras y mantiene ambas manos firmes en el timón de la nave. Y hay quien está afectado tanto por la situación que casi no tiene palabras. Y hay quien con una amorosa sonrisa les comparte sus secretos para mantenerse a flote, para enfocarse en lo que es posible. Hay quien lleva vida en su vientre y quien se prepara para un cambio de vida y hay quien…, ¡Tantas cosas!


Y es como dice la canción Ma il cielo è sempre più blu (pero el cielo es siempre más azul -les dejamos el link abajo).


Y como la intención es elevar la mirada y no perdernos en la confusión, que definitivamente es la marca de estos tiempos, nos recordamos con amor que el mundo nos sigue hablando. Que todo lo que está pasando es un alimento cocinado por nosotros, los seres humanos, y que ahora hay que comer y crecer.


¿Podremos nutrirnos?


¿Qué pensamientos surgen?

¿Hay un “otro” allá en algún lado?

Y si lo hay… ¿Es mi hermano o mi enemigo? ¿Quién decide? ¿Quién elige?


Alguna vez Albert Einstein dijo:

“La decisión más importante que debemos tomar es si creemos que vivimos en un universo amigable u hostil”.

Y… El cielo es siempre más azul…


Frente a la angustia y la falta de certezas por lo que está pasando en todo el planeta no olvidemos que podemos elegir. Podemos enfocarnos en nuestro pequeño y poderoso círculo de influencia, en los metros que están a nuestro alcance, y hacer pie en lo que sí podemos hacer… O, por el contrario, podemos mirar desesperados cómo todo toma dimensiones enormes, cómo las cosas cambian cada día, cómo lo previsible ya no existe. Y caer en la desesperanza.


Podemos elegir estar con la atención puesta por fuera de lo que podemos abarcar realmente, y entonces llega el bloqueo y no podemos hacer nada. Nos desvitalizamos, nos paralizamos. O podemos elegir centrarnos en lo que está a nuestro alcance.

Es fácil darse cuenta que nuestros pensamientos se enfocan en las circunstancias extremas, que son también “nuestras”, y vivimos con sentimientos que van entre la tristeza, la falta de fuerza y el enojo. Y, por supuesto, el miedo. O podemos elegir volver al centro y movernos desde ahí, paso a paso.


Imaginemos que vamos en coche, y hay una enorme tormenta y llueve muchísimo, como nunca antes vimos llover. Sentimos el peligro, el miedo. El suelo es resbaladizo, no vemos el camino, tampoco vemos si algo se nos cruza. Nos preocupa todo: chocar, lastimarnos, o pisar a alguien que no vimos, que nuestro coche deje de funcionar, no sabemos bien dónde estamos, ni cuánto durará la situación… ¿Cómo conducimos? ¿Aceleramos creyendo que así todo terminara antes? ¿Le reclamamos al cielo lo injusto de la situación o al servicio meteorológico por no habernos advertido mejor…? ¿Buscamos culpables en ese instante?

Muy probablemente nos enfocamos como nunca, desaceleramos, respiramos profundo, nos guiamos internamente hacia la mayor calma posible y vamos lento esperando que la tormenta amaine, evitando responsablemente generar alguna desgracia y avanzamos, poco a poco, para llegar a destino a salvo.


Quizás esta imagen pueda acompañarnos un poco. Volvamos a nosotros, vayamos lento y recordemos la dirección hacia donde nos dirigimos. No nos peleemos con la tormenta.


En esta época, donde tomar partido por alguna postura o ahogarse en la incertidumbre parece inevitable; donde estamos a solo un clic de llevar nuestros pensamientos al infierno del miedo, de la paranoia (y entiéndase clic por googlear por ejemplo); desde ParamitaLab queremos invitarte a vayas lento, a que te detengas. Seguramente a tu alrededor hay milagros de belleza y maravilla que están pasando a segundo plano. Hay personas a quienes puedes darles, con tu palabra y tus acciones, vitalidad y fuerza o miedo y reclamos.


Ya lo sabemos: “lo que doy, me lo doy. Lo que no doy, me lo quito”

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El mundo es incierto, es verdad. Sin embargo, en lugar de resistirnos, como dijo un compañero con sabiduría, podemos abrazar con humildad a esta incertidumbre. Abrazar nuestra íntima ignorancia, como a un tronco que se mantiene a flote en el mar, comprendiendo que esta vez realmente no sabemos, nadie sabe. Dejar que, de alguna manera, ese tronco nos mantenga a salvo en el naufragio. Y si ya no sentimos el viento a favor, sencillamente, llegado el momento podremos usar los brazos como remos y remar. Remar y remar… Pero no para huir de, o perseguir los supuestos “enemigos”, ni para ganar ninguna batalla, sino para dirigirnos hacia nuestro lugar seguro, nuestra casa verdadera y darnos cuenta que siempre es el trabajo evolutivo el que tranquiliza, por fin, el corazón.


¿Y qué es un corazón tranquilo? Aquel que puede dar la mano a su prójimo.


Años atrás, el actor William Hurt decía: “en la vida nos debatimos entre el miedo y la fe. Cuando la elección es el miedo, lo que se busca es la seguridad. Cuando se opta por la fe, lo que se procura es la libertad.”


¿Qué época ésta para hablar de la libertad, verdad? Hay quien dice que la libertad es 'hacer lo que quiero'. Hay quien dice que se pierde cuando alguien limita sus acciones. Hay quien dice que, una vez, en un increíble bosque de castaños en el sur de España, rodeado de silencio y belleza, escucho el ruido que venía de su propio corazón y entendió que nunca sería libre si no se liberaba de su propio carácter…


Y mientras tanto… il cielo è sempre più blu.


En definitiva, amigos, llegó por fin la época de aplicar lo aprendido. No es todo blanco y todo negro. Tomar los asuntos como se nos presentan y sostener la humanidad, hoy más que nunca, es la tarea.


Ricardo Talento, un maravilloso director de teatro comunitario de Buenos Aires siempre dice: “Otro mundo es posible si somos capaces de imaginarlo”.


Para imaginar otro mundo, uno mejor que este, seguramente necesitaremos de nuestro corazón de niños, de pensamientos claros, de una mente sin enojo, sin recriminaciones y sin enemigos. Y de mucha, pero mucha vitalidad.


Entonces abrimos las alas, páramos las antenas, calmamos el corazón, comemos del plato que tenemos delante y nos nutrimos. Integramos la dimensión de lo invisible al juego de la vida, en nuestro día a día en la tierra.


Es la dimensión de lo invisible la que generalmente define el partido.


¡Arranca el 2022 y en ParamitaLab, junto a ustedes, avanzamos!


Mariana y Luna

en nombre del equipo de ParamitaLab